Vi una foto en el periódico de un hombre, probablemente africano, que intentaba entrar en Europa. Solo llevaba una pequeña bolsa de plástico casi vacía. Me pregunté con qué viajaría. Tenía la forma de un zapato. Así que pensé que podía hacerle una bolsa mejor en la que cupiera bien ese zapato.
Así que hice esta pequeña bolsa con forma de maleta de unos 320 mm de largo, 130 mm de alto y 100 mm de profundidad. Podría llamar a esta bolsa «bolso para un zapato», pero al fin y al cabo creo que él no viajaba con un zapato, sino con su alma, que tenía la forma de un zapato. Por eso llamo a esta bolsa «bolso para un alma», para todas aquellas personas que viajan con su alma.